La sarna y la tiña suelen asociarse a enfermedades del pasado, pero la realidad es muy diferente. En los últimos años, los dermatólogos han detectado un incremento de casos tanto en España como en otros países.
El aumento de la movilidad, el contacto estrecho entre personas y algunos cambios en los hábitos sociales han favorecido que estas infecciones vuelvan a ser un problema de salud pública.
Conocer cómo se transmiten y qué medidas ayudan a prevenirlas es fundamental para evitar contagios en familias, colegios, residencias y otros espacios compartidos.
¿Por qué están aumentando los casos de sarna?
La sarna (o escabiosis) está causada por un pequeño ácaro llamado Sarcoptes scabiei, que vive exclusivamente en la piel humana. Aunque muchas personas la relacionan con la falta de higiene, esta idea es completamente errónea.
La principal vía de transmisión es el contacto directo y prolongado piel con piel. Por ello, puede propagarse fácilmente entre convivientes, parejas, residentes de centros sociosanitarios o cualquier entorno donde exista un contacto estrecho.
Los especialistas señalan varios factores que explican el aumento de casos:
- Mayor contacto social y cambios en los hábitos de relación.
- Incremento de la población mayor que vive en residencias.
- Mayor número de personas con sistemas inmunitarios debilitados.
- Diagnósticos tardíos, ya que los síntomas pueden tardar entre tres y seis semanas en aparecer.
Durante ese tiempo, una persona puede transmitir la enfermedad sin saber que está infectada.
La sarna no es una enfermedad del pasado
Aunque existe desde hace miles de años, la sarna nunca ha desaparecido. De hecho, se estima que cientos de millones de personas la padecen cada año en todo el mundo.
Uno de los problemas es que en muchos países no es una enfermedad de declaración obligatoria, por lo que resulta complicado conocer su verdadera incidencia.
Además, aunque normalmente no supone un riesgo grave para personas sanas, el intenso picor provoca lesiones por rascado que pueden favorecer infecciones bacterianas secundarias, especialmente en personas vulnerables.
La tiña también está reapareciendo
Otra infección que ha despertado la preocupación de los dermatólogos es la tiña, una infección producida por hongos que afecta a la piel, el cuero cabelludo o las uñas.
A diferencia de la sarna, la tiña puede transmitirse:
- De persona a persona.
- A través de animales infectados.
- Mediante objetos contaminados.
En España llamó especialmente la atención el brote de tiña detectado en adolescentes relacionado con el uso compartido de maquinillas eléctricas en peluquerías. La falta de una correcta desinfección favoreció la transmisión del hongo entre numerosos jóvenes.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Aunque cualquier persona puede contraer sarna o tiña, existen algunos grupos especialmente vulnerables:
- Niños en edad escolar.
- Personas que viven en residencias o centros asistenciales.
- Deportistas que comparten vestuarios.
- Familias con varios convivientes.
- Personas con sistemas inmunitarios debilitados.
En estos casos, la detección precoz resulta especialmente importante para evitar brotes.
La higiene y la prevención siguen siendo fundamentales
Aunque la sarna se transmite principalmente por contacto directo, y la tiña puede hacerlo también mediante objetos contaminados, mantener unas buenas medidas de higiene ayuda a reducir considerablemente el riesgo de contagio.
Entre las principales recomendaciones se encuentran:
- Evitar compartir peines, toallas, gorros o ropa.
- Desinfectar correctamente el material de peluquerías y centros deportivos.
- Lavar la ropa y la ropa de cama cuando exista un caso confirmado.
- Acudir al médico ante los primeros síntomas.
- Completar siempre el tratamiento indicado y tratar a los convivientes cuando sea necesario.
Un diagnóstico precoz marca la diferencia
En el caso de la tiña del cuero cabelludo, el tratamiento suele requerir medicación oral, ya que los productos tópicos por sí solos no eliminan el hongo del folículo piloso. Si no se trata correctamente, una persona puede convertirse en portadora sin presentar síntomas y continuar transmitiendo la infección.
Con la sarna ocurre algo similar: tratar únicamente a la persona afectada sin controlar el entorno o los contactos cercanos puede favorecer nuevas reinfecciones.
La reaparición de enfermedades como la sarna o la tiña demuestra que siguen siendo un reto sanitario. La buena noticia es que, con un diagnóstico temprano, tratamientos adecuados y unas correctas medidas de prevención, la mayoría de los casos pueden controlarse eficazmente.
Ante cualquier sospecha de infección, es recomendable acudir a un profesional sanitario para confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento lo antes posible. Actuar a tiempo no solo favorece la recuperación, sino que también ayuda a frenar la cadena de contagios.
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