La historia de los piojos corre paralela a la historia de la humanidad. Siglo tras siglo, año tras año, día tras día, curso tras curso, vuelven a anidar en nuestras cabezas, y a pesar de los ingentes esfuerzos por erradicarlos, su indeseada visita se produce en un impenitente bucle de repeticiones.

Al tiempo, la letanía de consejos sobre su erradicación vuelve a aparecer con cada vuelta al colegio, haciéndonos sentir como Bill Murray en la célebre comedia de cine Atrapado en el tiempo, donde la maldición que vive el protagonista podría ser bien extrapolable a esa repetitiva y sempiterna rutina de intentar acabar con estos parásitos, que llevan tantos años invadiendo nuestras cabezas.


Gracias a las excavaciones arqueológicas, existen pruebas físicas de su lejana existencia en el tiempo. Ejemplo de ello son los restos de piojos que se encontraron en una cabeza humana en Brasil, que datan del año 10.000 antes de Cristo. También en Israel se encontraron liendres pegadas al cabello de cadáveres de hace 7.000 años en una caverna. Asimismo, se han visto en momias de 5.000 años de edad en Egipto.

Una lucha impenitente

Aunque debido a sus pequeñas dimensiones los piojos podrían parecer insignificantes, la verdad es que cada vez se han hecho más poderosos, gracias a la selección natural, que ha permitido sobrevivir a los más fuertes.

La prueba está en que llevamos más de 3.500 años intentando deshacernos de ellos y aún no lo hemos conseguido. Cada sociedad ha ido desarrollando diferentes procedimientos para acabar con los piojos a nivel casero. Las lendreras, encontradas en algunas tumbas como parte del ajuar funerario del Egipto predinástico, indican que ya se utilizaban hace más de tres milenios.

En torno al 1.200 antes de Cristo, los chinos utilizaban mercurio y arsénico para luchar contra ellos. Los faraones egipcios se rapaban la cabeza para evitar los contagios de las plagas del pueblo. Hacia el 500 a. C.  muchos hombres y mujeres de la alta sociedad europea, afeitaban sus cabezas y usaban pelucas como defensa contra los piojos, que se acomodaban en estas y luego acababan en agua hervida.

Finalmente, en 1870, en Pensilvania, aparece el primer aceite comercial para combatirlos. Frente a esta lucha contra el piojo, encontramos también su aceptación como “símbolo del amor” en algunas sociedades, aunque hoy en día nos resulte tan extraño. En el norte de Siberia, por ejemplo, las mujeres jóvenes les «arrojaban» piojos al hombre elegido en señal de afecto.

Propagaciones más relevantes

Las propagaciones de piojos solían aumentar en épocas de conflictos militares y guerras civiles. Ejemplo de ello es, según aseguran científicos de la Universidad de Oslo, el protagonismo que tuvieron, junto con las pulgas, en la propagación de la Peste Negra en la Europa del siglo XIV.

Recién entrado ya el siglo XX, estos fueron los responsables de transmitir la fiebre en las trincheras. Según una de las conclusiones de un informe del Centro de Entomología Médica, Investigación y Desarrollo de Insectos Limitados de Cambridge, “los piojos han aumentado su prevalencia desde la Primera Guerra Mundial”. Y lo que es peor, la Global Health Associates de Miami ha asegurado que “son más fuertes que nunca”.

Varios factores pueden influir en este aspecto, entre ellos, la resistencia de manera generalizada a insecticidas y a la incorrecta aplicación de los tratamientos”.

Población de riesgo

Hoy en día, los piojos con considerados como la gran epidemia del siglo XXI. En principio cualquier persona de cualquier edad puede padecer pediculosis; sin embargo, se ha comprobado que las hembras son más susceptibles que los varones. También es conocido que la población de riesgo fundamentalmente se centra en las edades que abarcan la infancia. Esta prevalencia en la población infantil es debida principalmente a su comportamiento, ya que la forma de relacionarse entre sí conlleva un contacto frecuente y prolongado entre sus cabellos. El parásito suele afectar con mayor frecuencia a niños de entre 3 y 12 años.

Distribución y prevalencia

La pediculosis es una enfermedad de ámbito mundial que se da en la población urbana y en la rural. Los datos sobre su incidencia son variables, ya que están basados en estudios parciales afectados por las diferencias de ratio infantil y el perfil socioeconómico de la población estudiada. En países industrializados suele estar entre el 1% y el 3% de la población general y entre el 10% y el 20% de la población escolar de un momento dado, aunque puede llegar casi al 50% en determinadas situaciones. Al margen de estadísticas se puede decir que se padecerá una infestación por piojos, al menos una vez en la vida infantil o juvenil de cada persona. En el caso de España, la prevalencia oscila, por lo general, a lo largo del año, entre el 5 y el 15% de la población escolar, lo que indica que hasta 900 mil niños resultan infestados anualmente.

Distinción según raza

Parece ser que la especialización de los parásitos a vivir exclusivamente sobre el hombre va más allá. Al menos hay una separación entre los piojos que parasitan a las personas de razas negras que poseen cabellos más gruesos del tipo lanoso o crespo, de sección oval, y los que se han especializado en los cabellos lisos (lacios, ondulados, en bucles o rizados), de sección circular del resto de las razas. Por ello los piojos europeos difícilmente infestan a las personas de origen africano y viceversa. En EE.UU., se ha constatado que las personas afroamericanas raramente padecen esta pediculosis.

Zonas deprimidas

En cuanto al estatus socioeconómico, se ha demostrado que todas las clases sociales pueden estar afectadas por igual y que la pediculosis no está relacionada directamente con una mala higiene, por lo que no debe constituir motivo de vergüenza para las personas afectadas o sus progenitores. En cualquier caso, aunque unas buenas condiciones de aseo personal no previenen la infestación, el descuido de la higiene contribuye a agravarla y a hacerla persistente, constituyendo un posible foco de propagación. De hecho, en zonas deprimidas puede estar ampliamente distribuida en sus cerrados círculos de relación social.

¿Sabías qué...?

Se han encontrado restos de piojos en una cabeza humana en Brasil, que datan del año 10.000 antes de Cristo.

Se han encontrado lendreras en algunas tumbas de hace más de 3.000 años como parte del ajuar funerario del Egipto predinástico.

En el 1.200 antes de Cristo, los chinos utilizaban mercurio y arsénico para luchar contra los piojos

Los faraones egipcios se rapaban la cabeza para evitar los contagios de las plagas del pueblo.

Hacia el 500 a. C., hombres y mujeres de la alta sociedad europea, afeitaban sus cabezas y usaban pelucas como defensa contra los piojos, que se acomodaban en estas y luego acababan en agua hervida.

En 1870, en Pensilvania, aparece el primer aceite comercial para combatir piojos.

En el norte de Siberia las mujeres jóvenes les «arrojaban» piojos al hombre elegido en señal de amor.

Los piojos fueron protagonistas, junto con las pulgas, en la propagación de la Peste Negra en la Europa del siglo XIV.

Contacta a Clean Dreams

Llámanos o escríbenos:

Horario de funcionamiento:

Lunes a Viernes: de 10:00 a 14:00 – 17:00 a 20:30

Sabados: de 10:00 a 14:00

Iniciar Sesión